Todo había comenzado semanas atrás. Hans me había entregado la invitación antes del examen de Transporte; con una solemnidad y ritualismo que denotaba la importancia que para el tenia. Era lógico, el ideal es casarse una sola vez, y aunque lo hagas varias veces, la primera es siempre la más especial. En su caso cero que será la única. Y en cuanto al parte se refiere, y weno al matrimonio completo, el cuidado en la forma fue muestra de la importancia del fondo.
Toda la semana antes del viaje tenía metido en la cabeza que debía comprar el pasaje. Ya los planes estaban hechos. Sabia que no tendría pareja para la fiesta, como en un principio se creía, pero fuera de eso estaba todo listo; menos el pasaje.
El sábado en al mañana a ultima hora fui a comprarlo, confiando en la cercanía entre ambas ciudades y en la gran oferta de buses que viajan a Arica. Pero me confié demasiado. Ningún bus salía a las 1400 que era la hora precisa para llegar allá a las 1800, instalarme, ponerme el terno (que llevaba en equipaje de mano) y llegar a la Parroquia San Esteban. Lo más cercano a dicha hora de salida era a las 1315 hrs. Cuando eran en ese momento las 1230.
Weno cuando digo que estaba todo listo me refiero al plan. Porque la mochila no lo estaba, ni había comido, ni siquiera me había duchado. Carajo, el bus salía en menos de una hora y yo aun tenia que volver a la casa desde el rodoviario.
La aventura se iniciaba temprano… coño madre.
Una vez en casa era imposible alcanzar el bus en el terminal. Antes de que le explicara mi plan a mi viejo, quien me llevaría al terminal, el sugirió; como única alternativa (y así lo veía también yo) tomar el bus en la garita de carabineros en la subida a Alto Hospicio. Así que hice rápidamente la mochila y partimos. Mi padre me había hecho tres panes con carnecita para el viaje, en vista de que no había tomado ni desayuno; me comí uno esperando el bus donde los pacos, otro en el bus, y el tercero lo deje para el almuerzo del domingo.
Ya sabía que el domingo no tendría dinero para comprar comida. No creerían como han subido los pasajes de bus a Arica. Petróleo y la concha grande. Pero por fortuna no fue así.
Dormí en el bus que llevaba varios bolivianos borrachos. Yo trate de no juzgar, después de todo yo pretendía volver en ese mismo estado… solo que hinchando menos.
Llegue al terminal de Arica a eso de las 1700 y llame a mi amiga que originalmente me acompañaría al matrimonio y a la fiesta; pero que por compromisos familiares, limito su ayuda a ser mi guía hasta la residencial Don Luis, en plena calle Sotomayor. Conversamos y nos reímos un rato, mientras yo fumaba algo. Luego me di una ducha y me puse el terno. Pero el tiempo no me daba para secarme el pelo y olvide el cepillo de pelo en el rápido escape de casa; por lo que salí chascon y con le pelo suelto y mojado. Saque una tarjeta promocional de la residencial (a Dios gracias por esa iluminación) y partimos con mi amiga a buscar un coleto que me dejara no en la parroquia, sino en una botillería llamada “El Chancho Borracho”. Conversamos un rato más hasta que encontramos un coleto y me despedí de ella.
Me baje en el “Chancho Borracho” y pregunte donde quedaba la parroquia. Me indicaron una imagen, a escala real, de una virgen montada sobre una torre metálica; hacia allá me dirigí a paso veloz. Allí encontré la ceremonia religiosa, la cual ya debía llevar mínimo cinco minutos.
No había ningún lugar disponible en la parroquia, por lo que me quede afuera con bastante gente más. Yo no me hice problema alguno en quedarme de pie. Después de todo, no era familiar de ninguno, no lleve regalo alguno, soy un weon alto que puede ver desde atrás, venía llegando atrasado y tengo la edad para soportar una horita de pie.
La ceremonia fue hermosa. Nunca había visto a mi amigo Hans tan feliz. Su novia Clara le devolvía la misma sonrisa de felicidad, mientras su mirada se perdía en los ojos de Hans; y la del en los de ella. Nadie weon, nadie puede estar tan feliz delante de un altar sin estar muy enamorado.
El novio vestía de blanco, con un chaquetón largo y un corbatón y chalequillo color dorado. La novia, tenia su pelo rizado, un vestido largo, algo escotado, con un falso debajo para darle volumen; unos guantes largos y remataba con un hermoso ramo de kalas.
Parecían el último dibujo de un libro de cuentos. El amor con que regaban la parroquia, era casi perceptible de manera luminosa.
El cura no terminaba la liturgia nunca. Y cuando por fin lo hizo ellos se juraron amor y fidelidad hasta la muerte. Trajeron los anillos (una pieza de oro blanco engarzada en dos argollas de oro) y ahí no se quien se equivoco; pero Hans le estaba poniendo el anillo en la mano derecha a Clara, y yo estaba demasiado lejos para decirle que la estaba cagando. Pero todo se arreglo en nada.
Luego, y después de mucho esperar el cura los hizo firmar la libreta de familia (no entendí mucho esa parte) y por fin se dieron el beso que sellaba su unión. Para luego salir de la parroquia y que todo el mundo los saludara, felicitara y les tirara arroz.
Ahí cabros se saltaron el protocolo. Pero fue un muy emotivo momento. De hecho toda la ceremonia fue emotiva, estuvieron a punto de hacerme llorar toda la noche. No se puede estar delante de ese tipo de amor sin que te afecte.
El plan original era llegar a la fiesta con algún familiar que tuviera espacio en su vehículo… callampas. Por fortuna me encontré en la iglesia con un compañero de carrera y su polola, y juntos nos fuimos en un radio taxi. A las Tejas de Azapa.
Llegamos al restoran antes que los novios y allí hicimos hora para su llegada. Hans me llamo para saber si ya había llegado. Weon preocupado la cago.
Una vez llegaron los novios hicimos una media luna en la pista de baile, y ellos bailaron su primer baile como casados (salvo que hayan hecho la macarena horizontal en el auto, cosa que dudo) pero no era un vals, nooooo. Bailaron un pie de cueca; mientras todos palmeábamos ellos bailaron la rosa con el clavel. Creo que lo hicieron con su que; para recordarle a todo mundo su juramento.
Estaban felices esos dos y se seguía notando.
Luego invitaron a al familia a bailar un vals. El clásico Da nubio Azul; que ha pasado a ser un requisito más de la consumación del matrimonio, una formalidad habilitante sin la cual al parecer no estarías casado; de lo contrario pondrían algún otro vals en los casorios. Pero ellos se saltaron la formalidad, no bailaron entre ellos; la cueca y el amor fue suficiente, no tenían por que estarse a tradiciones del pasado.
En lo que fue otro momento emotivo, Hans saco a bailar a su madre y Clara saco a bailar a su padre; pero no termino ahí. Al momento de bailar algunos compases, Hans dejo a su madre para sacra a bailar a otra mujer de la familia, y su madre saco a bailar a su padre; mientras Clara dejaba a su padre y sacaba a otro hombre de la familia, y su padre sacaba a bailar a la madre de Clara. Y así bailaban unos compases y sacaban a bailar a otra persona; y la pista se fue llenando con la familia.
Terminado el vals vinieron los brindis. Primero el de Hans, quien le sugirió, de forma un tanto autoritaria, a Clara que nunca se sacra el anillo; y luego agradeció a esta por haberle dicho que si al fin. Luego Clara agradeció a los presentes por estar allí. Y el brindis del padre de Hans fue el más simbólico, pues mientras el agradecía a los presentes por acompañar a Hans (solo a Hans), este lo interrumpió de manera brusca para agregar “y a Clara”. Gran detalle de mi amigo, prestando le ropa a su novia en toda ocasión; claro símbolo de apoyo mutuo sempiterno.
Luego nos invitaron al resto a tomar un coctelito, en otra área del restoran, lejos de las mesas que rodeaban la pista de baile que ahora iba quedando vacía. Nos esperaban los mozos con pisco sour y cóctel de mango, más cosas para comer repartidas en mesas para disfrute de los numerosos invitados.
En eso me encontré con un amigo de Hans, que es conocido mío y conocí a numerosas personas más. Cuando Hans se acerca y me dice que falto gente de la escuela con la que le contaba, y que sobraría comida. Yo le dije que no tenía almuerzo para el domingo y que me las pasara a mi. El me miro como si yo viniese de algún tipo de universo paralelo, o me hubiera escapado de un manicomio para decirme “Weon mañana hay un asado”
Una vez devorada cuanta delicia pude devorar, pues tenía un hambre enorme; buscamos nuestra ubicación en las mesas y nos sentamos a beber, vino ahora, en espera de la cena. Ahhhhh la cena. Un grueso filete de jugosa carne, rodeado en las fronteras de sus bordes por tocino asado y con paté en su tostada superficie, acompañado de un risoto de quinua, que absorbía con gentileza el jugo de la carne; y como última guarnición, papas salteadas. De postre helado, risas y una secuencia de fotos de los novios; hecha por quien entiendo es una de las cuñadas de Hans.
Luego se abrió el bar y quedo la grande. Y quedo la pista para que todo aquel que quisiera pudiera bailar. Yo me retire al sector de la picina para seguir bebiendo y conversar. El novio dejaba la pista de baile cada cierto tiempo para ver a sus invitados y fiscalizar que tanto estábamos weviando. Así me encontré algunas personas conocidas, y conocí a algunas personas desconocidas; de hecho estaba en eso cuando invite a bailar a una de las hermanas de la novia (no me pregunten como paso eso, pues es un recuerdo borroso). Es la raja bailar en matrimonios, cumbia, algo de salsa (cosa que definitivamente no es lo mío), y regeaton (o como se escriba la caga). Después de bailar el novio me presento a un amigo suyo, quien me invito un porro de excelente calidad, en las afueras del recinto; y no conforme con eso, me regalo la mitad no fumada, antes de volver a la fiesta.
Y así de pronto escaseo el copete y había que salir a buscar más, y para variar me ofrecí como voluntario. No fui solo obviamente. Acompañe al hermano del novio, Rodolfo, en algún auto, no recuerdo cual, hasta la casa del novio donde cargamos más copete y luego regresamos. Yo le di algún tipo de jugo a Rodolfo, que no recuerdo bien, pero por el cual me wevío al día siguiente.
Luego en la fiesta volví a fumar de la mitad del porro que quedaba y volví a bailar con la misma señorita. Hasta que encendieron las luces, apagaron la música, nos dieron las gracias por haber asistido y nos apagaron las luces; pero todas las luces de todo el local. Ante esto nuestro ebrio protagonista (osea yo) se encontraba listo para volver a la Residencial Don Luis en radio taxi; pero como no recordaba donde chucha quedaba, estaba sacando la tarjeta de la billetera, cuando Hans me dice “¿Pa’ donde te llevo?”. Impresionado, nuevamente por la generosidad de este tipo, que en estricto rigor folklórico, debía haber dejado la fiesta hace rato para ir a hacer nietos; le extendí la tarjeta y dije “ahí”. Luego nos subimos a si jeep, junto con Clara, las hermanas de la novia y una amiga de la novia. Me dejaron en la residencial y un caballero en bata y piyama me abrió la puerta cuando eran ya las seis y algo de la mañana. Me llevaba al tuto conmigo un nuevo concepto para mi vida, “Beber como en matrimonio ariqueño”
Sobre el resto esperen otro relato, este ya se extendió mucho.
viernes, 22 de agosto de 2008
lunes, 18 de agosto de 2008
Defensa de la Alegría
(Lo encontre en un foro
como si yo mismo lo hubiera dejado ahi
para ser encontrado mas tarde
por un mismo diferente
como a un viejo buen amigo
a quien nunca debiste dejar de ver weon
Si alguien me dice de quien es, lo agradezco. Mi memoria ya no es la misma.)
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas del azar
y también de la alegría.
como si yo mismo lo hubiera dejado ahi
para ser encontrado mas tarde
por un mismo diferente
como a un viejo buen amigo
a quien nunca debiste dejar de ver weon
Si alguien me dice de quien es, lo agradezco. Mi memoria ya no es la misma.)
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas del azar
y también de la alegría.
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