martes, 20 de octubre de 2009

Lecciones de Amor, Por un Niño

19/10/2009

Mi hijo nunca me ha dicho que me ama
ni siquiera un “te quiero”
nunca jamás
en sus tres añitos de vida
de hecho, no sé si se lo ha dicho a alguie
no si sabe lo que significa
cuando yo se lo digo.

Suena algo triste
pero la verdad es que él
no me podría hacer más feliz
ni me podría hacer sentir más amado
aunque aprendiera a decirlo en otros idiomas
no sé si él lo sabe
pero sus actos y gestos
sus abrazos, sus risas
e incluso como me busca, cuando no estoy
y como llora mi ausencia, cuando lo dejo
demuestra, más allá de toda palabra
cuanto es capaz de amar
y en este caso amarme.

Obras son amores
y no buenas razones
y un niño de tres años
de quien no podría estar más orgulloso
lo entiende a cabalidad
y aun en su egoísmo infantil
de siempre querer jugar
siempre querer hacer lo que el elija
aun cuando se enoja
aun cuando llora o patalea
no deja de demostrar amor
y no solo amor hacia mí.

Un niño de tres años
comprende que más importante que decir “te amo”
es amar y demostrar amor
¿qué sucede con las personas al crecer
que lo olvidan?
¿cómo es que un niño nace sabiendo
lo que mujeres veinte años mayores que el
olvidan, o no entienden?
pese a repetir “te amo” una y otra vez
como si así la frase se volviera menos vacía.

Mi niño de tres años
tal vez no lo comprenda
él nunca ha leído un poema
o alguna otra definición de amor,
menos autorizada,
nadie le ha cobrado sentimientos
exigiéndole un comportamiento acorde al amor
(espero)
solo puedo estar seguro
de que él siente amor, él ama
y demostrarlo es tan natural para él
como respirar o reír
tal vez, al igual que su padre
sienta que algo en él reventara
si no demuestra el amor que habita en él.

¿Es posible que todos nazcamos así?
sin miedo a demostrar el amor que sentimos
sin vergüenza de lo que pueda pensar alguien
sin la necesidad de una armadura
que oculte y enfríe el amor
¿es posible perder todo eso en veinte años?
aprender el miedo y la vergüenza
hasta que la máxima expresión de amor
sea solo conjugar esas cinco letras
que toda energía y fuerza
que amenazaba con desgarrar nuestros pechos
sino le dábamos escape en gestos,
en hechos y afectos
se apague.

Yo sé que es posible
lo sé porque me he sentido tentado
a enfriar mi corazón para sufrir menos
por eso hago desde ya
mi misión
enseñarle a mi hijo a no temer
que no necesite una armadura
ni disculparse por lo que siente
para que ame en libertad
y no aprenda las mañas
de algunos y algunas
veinte años mayores que él
que son peores que el solo no demostrar amor.




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